Conocimiento Científico, ciencia y ética.
No podemos hablar sobre la responsabilidad del científico e investigador sin tener claro en primer lugar, las definiciones de Ciencia, Conocimiento Científico, y Ética y sobre todo la estrecha relación que existe entre estos términos, tomando en cuenta, el desarrollo científico que ha experimentado el mundo en los últimos años del siglo XX y principios del siglo XI.
El conocimiento es la acción que permite al ser humano averiguar por el intelecto, la naturaleza y relaciones de las cosas generando entendimiento, inteligencia y conciencia de la propia existencia.
La palabra conocimiento se refiere a la acción y efecto de conocer, significa averiguar por medio de la inteligencia, la naturaleza, las cualidades y las relaciones de las cosas. El conocimiento puede abarcar dos niveles: la acción de conocer en lo cotidiano para lo cual no es necesario esforzarse intelectualmente y en segundo plano, la acción de conocer donde se presenta el proceso racional de comprender las cosas. Domínguez (2002).
A través del conocimiento el ser humano puede entender sobre un asunto o ciencia con legitimidad para ello. En tal sentido, se considera que el conocimiento se adquiere a través de la educación, la cual en la antigüedad era restringida a la población con la finalidad de mantener la consigna de ejercer dominio sobre las clases populares gobernándolas con su ignorancia.
Asimismo, el Conocimiento Científico se considera como un sistema de ideas establecidas provisionalmente, el cual se distingue del conocimiento espontáneo por su orden metódico y su sistematicidad y por las características señaladas por Bunge (1997), las cuales se especifican a continuación:
Utilizar la razón para conocer la cosas a fondo.
Observar más detenidamente.
Requiere un mayor tiempo de dedicación.
Trabajo metódico, constante y ordenado.
Exige que sea racional, sistemático, exacto, verificable y fiable.
El Saber científico no aspira a conocer las cosas superficialmente, sino que pretende entender sus causas porque de esa manera se comprenden mejor sus efectos.
El conocimiento científico es comunicable, analítico, especializado (transdisciplinario), preciso metódico, explicativo, predictivo y útil.
Con el pasar de los años y el advenimiento de la era industrial se dió inicio a la educación de las clases populares para insertarlos en los procesos productivos que beneficiaban los intereses propios de los empresarios, considerándose que el conocimiento que poseían los gobernantes y empresarios les permitía mantener el poder sobre los pueblos y lograr así sus propios intereses.
Inicialmente el ser humano adquiere el conocimiento del sentido común (doxa), el cual utiliza el individuo en su vida diaria y posteriormente adquiere el conocimiento científico (episteme) proporcionado por las escuelas, el cual tiene validez universal y es sistemático. Este conocimiento a su vez es legitimado por las fuentes de donde provienen, siendo estas fuentes las derivadas de la comunidad científica.
De lo anteriormente expuesto, se puede establecer que el conocimiento genera poder y que este conocimiento es derivado de investigadores pertenecientes a comunidades científicas las cuales poseen en consecuencia, el poder del conocimiento en el área de la ciencia en la cual desarrollan sus investigaciones.
En este sentido, surge una gran inquietud en torno al poder del conocimiento que poseen los investigadores y su responsabilidad en el uso apropiado de este conocimiento para fines éticos, científicos, humanitarios, entre otros, siendo en este punto donde entra en acción la filosofía de la ciencia, la cual va a apoyar al investigador en crear criterios para construir conocimientos validos y legítimos, los cuales pueden ser utilizados en las áreas donde el investigador se desempeña.
Surge entonces la gran responsabilidad que posee todo investigador que genere conocimiento, en utilizar estos para beneficios comunes y universales y no para intereses propios, por lo cual, la primera elección ética que debe realizar un investigador es realizar la misma de forma transparente y abierta, elegir un tema que sea beneficioso para la comunidad y finalmente, aplicar los resultados de la investigación en beneficio del colectivo.
Asimismo, todo investigador no debe olvidar la relación existente entre la ciencia y la ética, motivado a que la ciencia proporciona los conocimientos para dominar problemas no personas, saber para integrar lo que se domina a nuestras vidas y permite crear las condiciones para que el ser humano sea y viva feliz. En consecuencia, toda investigación científica tiene necesariamente una dimensión ética inseparable.
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